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Muchos hablarán...

En toda tu vida habrá personas que te dirán qué hacer, cómo hacerlo y por qué no debes hacer otra cosa, muy pocos te dirán que creen en ti y en lo que haces: casi nadie te dirá: te apoyo, adelante, tu puedes.

Los primeros en decir no, serán quienes dicen que te aman, y justo por ello quieren detenerte. Luego estarán los envidiosos, quienes buscarán impedir tu avance sólo por asegurarse de no estar detrás tuyo. Y habrá a quienes ni les sume o les reste por lo que no te prestarán atención, aunque dentro de sí creerán saber que tu fracaso es inminente.

Tu quieres, y crees que si lo haces serás feliz y podrás ayudar a alguien más, porque de eso se trata. No hablo de hacer cosas por hacer o de simplemente hacer algo que te beneficie única y exclusivamente a ti, sino de tener ese deseo de hacer algo por otros o de hacer algo que si bien me traerá beneficios a mí, sé que no seré el último eslabón de la cadena, sino que será el eslabón que iniciará una cadena de ayuda y crecimiento para muchos.

Todos son expertos en la vida, todos creen conocer y saber qué es lo que te conviene, pero sólo Dios y tú saben realmente lo qué necesitas. En realidad el sentimiento de muchos de querer protegerte es sincero, más, en ocasiones, si no te aventuras en campos en los que otros encontraron fallas y errores, nunca sabrás si tu pudiste haber sido quien triunfara. 

Te puedes equivocar, puedes fallar igual que otros lo hicieron, pero ahí estará Dios para mostrarte cual fue tu error e instarte a seguir a delante y, por qué no, a pedirte que lo vuelvas a intentar.

Hay 365 no temas para ti en la Biblia, uno para cada día. Tómalos y úsalos. No le temas a nada porque, recuerda, si El está contigo, ¿quién podrá contra ti?.




Insensibilidad.

En el último mes he tenido  que visitar la atención por urgencias tres veces; una por propia enfermedad y las otras dos por malestares en mi esposa e hija menor. Durante estas visitas me encontré varios factores que siempre me han molestado: la demora en la atención, el mal uso del triage y la insensibilidad que tiene el personal médico y de enfermería en el sitio.Demorado, siempre ha sido y no sé si cambiará; el mal uso del triage es y será un asunto de cultura, pero la insensibilidad demostrada por parte de médicos, auxiliares y jefes de enfermería, es realmente preocupante y hasta enfermizo.

No hablo de la posibilidad de que uno de ellos haya tenido un día terrible, problemas en casa u otra situación que pueda haber ocasionado su falta de tacto y humanidad en el trato con los demás, pero que tres personas al mismo tiempo,  en tres ocasiones diferentes y que dicho personal no haya sido el mismo en tales ocasiones, pero aun así todos experimentaran situaciones que alteren su buen trato...que venga un matemático y me ayude a encontrar la posibilidad estadística de que esto suceda.

Mi esposa trabaja en el área de la salud, en una clínica al norte de la ciudad, y por ella y dicha institución sé que un mejor trato es posible. Ella me ha compartido varias de sus experiencias mientras trabajó en el servicio de urgencias y sé bien del alto nivel de stress que se maneja allí, debido a la afluencia y el estado de los pacientes. No me dice, ni yo quiero transmitir esto, que siempre haya tenido una excelente disposición hacia sus pacientes o los familiares, o  nunca hubieran existido momentos desesperantes en los cuales su atención pudo ser deficiente. Y eso es comprensible. Pero tratar siempre de una manera tosca, grosera e insensible a todos los pacientes, eso...eso es otra cosa.

 No hablo solo del maltrato personalmente recibido sino del inconformismo y maltrato general, percibido por otros pacientes. Es triste ver a personas que prometieron cuidar, proteger y salvar vidas humanas, dando un trato tan inhumano.

Ahora cuando visito por urgencias al médico, inevitablemente, tiendo a pensar en una visita al veterinario, porque me hacen sentir como un animalito... no importa si siente dolor, solo se trata de curarlo. Es cierto que no puedo pretender encontrar rostros sonrientes y tratos desbordantes de amabilidad y cordialidad, pero...un, por favor, gracias, que este bien, que se mejore, es acaso mucho pedir. Que se conserven las mínimas normas de urbanidad y respeto, es vital.

Me parece fundamental  que el personal de los centros médicos recuerde una cosa: ustedes trabajan gracias a los pacientes, sin pacientes su trabajo no sería necesario. Entonces ¿por qué no tratar de hacer su visita algo menos estresante y mala?, piensen: ellos vienen con dolores, buscando alivio y mejoría, y se encuentran con su cara de revolver calibre 38, su voz seria y malhumorada, una actitud hosca y desinteresada...perdón, pero creo y esto no será de ayuda, sino contraproducente. Y que hablar cuando no es a mí a quien  le dan mala atención sino a uno de mis hijos o familiares cercanos, tanto peor, porque mientras yo estoy enfermo, ni ganas me dan de discutir, más estando en perfecto estado de salud, la situación es otra: quisiera levantarme y exigir mis derechos, hacerles caer encuentra que tratan a niños, hombres y mujeres semejantes a ellos mismos, quisiera hacerles pensar en su propia familia y si les agradaría recibir el trato que ellos ofrecen, me encantaría preguntarle al médico si su título lo encontró en un paquete de frituras y a las enfermeras y auxiliares si las contrataron cuando pasaron frente al centro de salud, ya que su educación no es mayor que aquella y puedo ver en un habitante de calle.

Sé que no son todos, sé que aquí hablo de la minoría, pero si esa minoría no entiende, puede contaminar tanto que la mayoría se volverá indolente y se convertirá en la desagradable minoría.


Rápido pero bien hecho.

Apresurarse es normal hoy día, hacerlo todo de afán, hacerlo rápido y bien, no con excelencia como para Dios, un "bien" es suficiente para nosotros porque "Dios sabe que tenemos otras tantas cosas por hacer". Y tal vez nuestro Señor en su infinita misericordia permita ese "bien" pero la vida no es misericordiosa y mucho menos amable cuando de decisiones tomadas a la ligera se trata. 

Piensa: si tu jefe o profesor no acepta cosas hechas con mediocridad y a la ligera, ¿por qué Dios ha de aceptarlas?; todo sucede es en nuestra mente, si, porque como nuestro Dios no nos hace mala cara o muestra su disgusto con un grito o un tremendo regaño, pues se nos hace fácil pensar que le parece bueno y agradable las nimiedades y mediocridades que hacemos.

Afanarse nunca ha sido bueno, aún cuando tomas una decisión apresurada y el resultado te parece bueno, piensa en la misericordia de Dios y en su palabra cuando dice que "todas las cosas obran para bien en los que le aman". Por favor no confundas el arriesgarse con afanarse, el riesgo incluye una palabra o promesa de Dios dada con antelación que te impulsa a hacer algo; el afán te lleva a creer en tus propias ideas y pensamientos y muchas veces, al fracaso. 

Debemos pensar en toda posibilidad frente a la toma de una decisión, cuando Dios te dice que lo hagas, tus probabilidades de error dependerán del cumplimiento cabal de lo que te ha dicho que hagas, es decir si haces lo que El te pidió o prometió: no hay falla, si te pasas de listo, pues hay consecuencias. El juego cambia radicalmente cuando tu eres quien te impulsa, ignorando aún los avisos de Dios, tus probabilidades de fallar aumentan de forma radical y el final, generalmente, es decepcionante.

Hoy toma esta lectura como una reconvención del Señor, una alerta para que examines tu camino, hagas una evaluación y tomes una determinación: si estás haciendo lo que Dios te ha pedido y vas conforme a su palabra, sigue; si aún teniendo promesa y palabra no los has hecho, pues ¡hazlo!; si tienes palabra y promesa pero te desviaste, detente y retoma; pero si no tienes palabra, no te ha sido prometido, si aún tus padres, amigos y conocidos, y más importante, Dios te ha dicho no: ¡detente!, examina tu camino, tus pasos, busca el consejo del sabio, del poderoso, de aquel que sabe y conoce tu trasegar. No rechaces su corrección y actúa sabiamente: no te afanes.

No es bueno actuar sin pensar;la prisa es madre del error. El tonto fracasa en todo, y luego dice: «¡Dios tiene la culpa!»



¿Muy sucio?

En el mundo que habitamos hoy día, resulta muy difícil pensar en la  existencia de personas a las que se puedan llamar santos, pero, aunque el resto del mundo no lo crea nosotros sí, ¿por qué?, simple y sencillamente porque nosotros mismos lo somos.

No importa la cantidad de pecados y hayas traído hasta tu encuentro con Jesús, la Biblia dice: El llevó nuestros pecados y que el Espíritu de Dios habita desde entonces en nosotros. Ahora bien ¿es confortable y se siente a gusto  el Espíritu Santo dentro de nosotros?.., sé que en estos momentos estás pensando en todas esas mentiras, las miradas lujuriosas, los pensamientos impuros y todos tus demás pecados y dejarás de sentirte santo, pero ¡hey!, la santidad no es una sensación o sentimiento, va mucho más allá de nuestra especulación sensorial y trasciende todo acto egoísta y repulsivo de nuestro ser. 

El ser santo no pasa por el hacer o no hacer, el ser santo significa: ser apartado para Dios, pero ¿apartado de qué?, pues del pecado, más estar apartado del pecado no nos asegura que no hemos de caer en el. De manera más sencilla y sin tantos rodeos: ser santo es recibir el regalo inmerecido de la gracia, hecha realidad en la Sangre derramada por Jesús en la cruz, para cubrir todas las faltas que nosotros cometimos, cometemos y cometeremos. Pero, ¿es acaso esto un permiso o boleto para hacer todo lo que nos venga en gana?, claro que no, si pensamos así, es porque no nos ha amanecido, y el conocimiento sobre la palabra de Dios que poseemos es menos del mínimo.

Ahora bien, es bueno y sano el hacer una mirada introspectiva, revisar si a la habitación del Espíritu Santo hemos permitido la entrada de cucarachas, roedores u otra clase de alimañas que, sin darnos cuenta, pueda estar ensuciando lo que debería permanecer impoluto. Tal vez sean algunos comentarios subidos de tono, unos chistes de doble sentido, una discusión que se salió de madre, una película o serie de televisión que implantó escenas obscenas en nuestra mente, una mentira "blanca" o un saludo hecho con hipocresía... pequeñas cosas de nuestro día a día pero que igual nos manchan y ensucian, situaciones que, a nuestro juicio o  modo de ver, no serían considerados como pecados pero ante los ojos del que es tres veces Santo, serán vistos tal cual son: sucios e infecciosos pecados.

No te des látigo, no te castigues o auto-infrinjas dolor mental y espiritualmente, ya sabes que no hay otra cosa para hacer sino ir a los pies de quien te puede ayudar, orar con un corazón contrito y humillado, pedir perdón, arrepentirte y seguir adelante, porque lo quieras o no es un ejercicio de obligatoria práctica diaria y de no hacerlo solo ensuciarás más y más tu vida. Recuerda: no nos ensucia tanto lo que entra a nosotros como sí lo que sale de nuestro corazón y pedir perdón es más sencillo cuando a quién se lo pides es todo amor, paciencia, gracia y misericordia.


Sueña... pero cumple tus sueños.

"Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto. " Es una frase de un padre a su pequeño hijo. Y si esto salió de la mente y labios de un hombre, me gusta pensar, que nuestro creador y Padre puede pensar así y hasta mejor.

Tantas veces me he sentido incapaz de hacer tantas cosas y, la verdad, no he tenido a muchas personas que me animen a continuar o a retomar, antes bien siempre he encontrado dedos acusadores, palabras hirientes y muchos: "te lo dije", pero entre tantos "jueces" y "fiscales", Dios se levanta y me recuerda que no me dejará hasta que yo pueda hacer lo que me ha encomendado.

Todos hemos escuchado que tenemos un propósito para estar aquí, pero también sabemos que muchos se van de este mundo sin saberlo y por ende sin cumplirlo.

No quiero partir de este mundo sin cumplir mi propósito y por eso trato de saber ¿cuál es?, sé: me he equivocado, y que puedo equivocarme nuevamente, pero también tengo muy claro y Dios estará ahí conmigo para reconfortarme, para darme fuerza, para no dejarme en mi error o en mi caída, sino para sacarme de ahí y llevarme hasta mi propósito, hasta el sueño que Él tuvo para mí, compartió conmigo y del cual ahora también soy dueño.

Si Dios puede hacerlo por mí, también puede hacerlo por ti.

No escuches las voces que te dicen: no puedes, no lo lograrás...¡no lo hagas!. No hablo de ser un audaz que va por la vida errando por deporte; hablo de ser valiente y tomar riesgos, de emprender y tomar desafíos que más adelante pueden dar fruto. No rendirse como no lo hizo Caleb, quién sirvió, luchó...esperó y después de 45 años obtuvo su recompensa. Dios se lo había prometido.

¿Has recibido promesas de parte de Dios?, entonces ya estás encaminado, solo basta que sigas adelante. Habrán inconvenientes, obstáculos y quienes quieran detenerte, sólo tú sabrás si lo haces o sigues adelante, aunque te tome 10, 20, 30 o 40 años lograrlo, sigue adelante, no te rindas, y no lo hagas porque yo te lo digo, hazlo porque crees en Dios, porque crees en ti porque sabes que tu esfuerzo y dedicación darán fruto. Hazlo, no dejes de que nadie te diga que no puedes, Dios sabe que puedes o si no, no estarías vivo.

Si aún respiras quiere decir que aún puedes.


Paciencia, paciencia...

Solemos estar apurados. En un mundo en el que todo avanza de manera rápida, en el que si no sigues el ritmo acelerado de la tecnología, la moda y el entretenimiento, puedes ser considerado "off-line" y el tener algo de paz o paciencia, el saber esperar, se convierten en algo comparable a artículos de lujo; se hace imperativo y necesario emprender una búsqueda de tales elementos.

Pero, ¿cómo adquirirlos?, ¿acaso se venden?, ¿dónde hallarlos?.

Lastimosamente (para algunos) no se venden y para adquirirlos es necesario renunciar a muchas cosas (actividades, trabajo, preocupaciones...dinero, etc.), pero ¿y en dónde?, bueno, esto depende de que corriente filosófica te encuentres siguiendo. Hoy en día puedes encontrar infinidad de variedades de filosofías que te prometen paz, tranquilidad, serenidad, una completa y realizada vida. Más ¿acaso es esto posible?, sinceramente dudo que se pueda tener una paz absoluta mientras estemos en esta tierra, aún si piensas o crees que al tener todo lo que quieres (posesiones, dinero, trabajo, familia, etc.) puedes dedicarte a tener paz y tranquilidad. Solo hay Uno en el que la hallaremos y es en Dios. Si alguna vez lees la Biblia, encontrarás que la paz es de Dios, es decir, aparte de El o fuera de El, al ser humano se le hará imposible hallarla y, también dice que, es una paz que sobrepasa todo entendimiento, por lo cual se nos hace difícil aceptar que aún en tiempos aciagos podamos disfrutar de ella. Un ejemplo, muy usado, de esta paz que sobrepasa todo entendimiento es el Apóstol Pablo, quien sufrió maltratos, vejaciones, humillaciones, y hasta torturas, más aún así sus palabras y mensajes reflejaban un espíritu apacible, tranquilo y lleno de calma, lleno de la paz que sólo Dios sabe dar.

No impacientarse suena siempre fácil de hacer, suena tan sencillo como: respirar hondo y calmar el pensamiento; pero, el hecho es que no lo hacemos así y menos cuando las cuentas nos persiguen, los problemas familiares no dan tregua y el trabajo nos estresa. Por eso es necesario buscar la paz en la fuente,, confiar en aquel que puede hacer de las cuentas por pagar, dinero en nuestras cuentas, quien puede transformar problemas en oportunidades y del trabajo estresante una fuente de bendición y aprendizaje continuo para nuestro ser.

Por eso cuando la impaciencia toque a tu puerta envía a tu fe a responder y que en sus labios siempre esté un verso como este: Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?.


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